Columna de opinión de Ariel Amigo Vidal, Secretario Ejecutivo del Teatro Regional del Maule.

Cuando pensamos el Teatro Regional del Maule, no lo imaginamos como una sala dedicada de manera exclusiva a un solo género o a una sola forma de hacer arte. Lo pensamos como una casa común: un espacio donde la música clásica conversa con la música popular, donde el humor convive con la memoria histórica, donde el ballet clásico y el teatro encuentran, ambos, un lugar legítimo bajo el mismo techo, donde diversos estilos y ritmos pueden ser protagonistas. Esa fue la vocación fundacional del TRM, y es también la que guía cada decisión de programación que tomamos mes a mes.
No es un desafío menor. Programar diversidad no significa simplemente sumar disciplinas distintas en un calendario; significa sostener, con la misma exigencia y el mismo cuidado, lenguajes artísticos que hablan a públicos distintos, que exigen montajes distintos, que convocan sensibilidades distintas. Un teatro regional que aspira a representar a su comunidad no puede darse el lujo de privilegiar una sola tradición estética. Tiene que abrirse —con rigor, no con dispersión— a la multiplicidad de voces que hoy conviven en nuestra región y en nuestro país.
La cartelera de agosto es, en ese sentido, un buen espejo de lo que buscamos. El mes se abrió con el humor filoso del stand up comedy, y ya en su primera semana el escenario recibe a Entremares y su música de raíz chilena, y al ballet de «La Cenicienta» del Santiago City Ballet, danza clásica pensada para las familias en el Día de la Niñez.
En las semanas siguiente tendremos eventos diversos como el ciclo documental “Reinas del Piano” para públicos adultos mayores; “La voz de los 80, entre el miedo y la esperanza”, propuesta de la compañía Circo del Mundo; la Orquesta Clásica del Maule interpretará a Mendelssohn y Beethoven en un nuevo concierto de temporada; el humor vuelve con «Divorciados 2.0»; el universo de Almodóvar se traduce en concierto teatral con “Quiero ser una chica Almodóvar”; y el mes cierra con «Despertar de Tierra», un montaje de teatro de máscaras y juglares que recorre la memoria de la cordillera del Maule.
Cada evento tiene un lenguaje distinto, constituyéndose en diversas propuestas artísticas que conviven en un mismo escenario. Ninguna de estas expresiones es más «teatro regional» que otra. El stand up no le resta seriedad a la sinfonía, ni la sinfonía le resta cercanía al circo. Cada disciplina trae su propio público, y cada público que cruza las puertas del TRM —sea por primera vez o por centésima— amplía lo que entendemos como nuestra comunidad cultural.
Esta convicción tiene, además, una dimensión de justicia cultural. Cuando programamos funciones gratuitas o de bajo costo para adultos mayores, cuando abrimos espacio a compañías regionales junto a elencos nacionales, cuando alternamos géneros populares y de tradición académica, estamos afirmando que el acceso a la cultura no debiera depender del gusto que a uno le tocó heredar. El TRM ofrece a cada persona la posibilidad de encontrarse con muchas artes y decidir, con el tiempo, cuáles lo interpelan.
Sostener esta diversidad exige también convicción institucional. Es más fácil, a veces, programar lo previsible: lo que sabemos que llena la sala, lo que no genera preguntas. Pero un teatro regional que solo programa lo seguro termina empobreciendo, con el tiempo, la vida cultural de su territorio. Nuestra apuesta —y la de agosto es prueba de ello— es la contraria: que en un mismo escenario quepan la cueca y la Heroica de Beethoven, el humor y el teatro de máscaras, el ballet y el documental musical, porque esa convivencia es, precisamente, lo que hace de un teatro un verdadero teatro regional.
Los invitamos a revisar la cartelera completa en www.teatroregional.cl y a encontrarse, este agosto, con la disciplina que menos esperaban descubrir.
Ariel Amigo Vidal
Secretario Ejecutivo del Teatro Regional del Maule.






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