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Cuando la empatía necesita una ley

Columna de opinión de María Pía Yovanovic Casale, Fundadora y directora Prefiero el Maule.

Hay noticias que llaman la atención no solo por lo que proponen, sino por la tremenda pregunta que nos dejan instalada en el corazón.

Hace poco se abrió el debate en Chile sobre sancionar a los conductores que mojan a los peatones al pasar por una poza de agua. A primera vista, la discusión puede parecer pequeña frente a los grandes desafíos del país. Pero si rascamos un poquito la superficie, nos enfrenta a algo mucho más profundo y urgente: ¿Por qué necesitamos una ley para recordar que el respeto al otro es lo primero?

Todos hemos visto esa escena, o peor aún, la hemos vivido. Una persona camina bajo la lluvia apurada hacia su trabajo, al colegio con sus niños, a una consulta médica o simplemente volviendo a casa después de un día agotador. De pronto, un auto pasa a gran velocidad, levanta una ola y, en un segundo, esa persona queda empapada.

Para el que va frente al volante, fue solo un bache, un instante sin importancia. Para el que va a pie, significa frío, incomodidad, rabia y, sobre todo, la dolorosa sensación de que nadie fue capaz de pensar en él.

La empatía comienza precisamente ahí: en la capacidad de mirar un segundo a nuestro alrededor e imaginar qué le pasa al que está al lado.

Hoy parece que nos estamos acostumbrando a regular con normas lo que antes dependía del simple sentido común y de la buena crianza. Y aunque las leyes son necesarias, es preocupante ver que necesitamos la amenaza de una multa para comportarnos como seres humanos conscientes. La verdadera educación no es saberse las reglas de memoria; es actuar bien simplemente porque es lo correcto, incluso cuando nadie nos está mirando.

Frenar un poco ante una poza no cuesta un peso. No te quita más que dos segundos. No va a cambiar el destino de tu viaje. Pero te aseguro que sí puede cambiarle el día completo a otra persona.

El gran desafío que tenemos por delante no es llenar el país de más leyes, sino formar mejores ciudadanos. Necesitamos padres que enseñen con el ejemplo en el día a día; conductores que entiendan que la calle es un espacio compartido, y niños que crezcan sabiendo que el respeto se demuestra en los pequeños gestos cotidianos.

Las grandes comunidades y las sociedades más sanas no se construyen a punta de decretos. Se construyen con personas que entienden que convivir significa hacernos cargo, también, del bienestar de los demás.

Al final, el problema nunca fue el agua de la poza. El verdadero peligro es que dejemos que se seque nuestra capacidad de ponernos en el lugar del otro. ¡Ahí está la verdadera tarea!

María Pía Yovanovic Casale

Fundadora y directora Prefiero el Maule

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