Algunas pasiones nacen temprano y nos acompañan toda la vida. Un proyecto que reúne joyas, amuletos y cristales, acompañando a personas en su camino de bienestar.
Desde niña, Khatryn sintió una especial fascinación por los cristales, las piedras y los pequeños objetos cargados de significado. Lo que comenzó como curiosidad se transformó con los años en una búsqueda marcada por la naturaleza, los viajes, el yoga, la escritura y el deseo de comprender la vida con mayor profundidad.
Hoy desde San Rafael, Cristal de Mar es el resultado de ese recorrido. Un proyecto que reúne joyas, amuletos y cristales, pero también historias, reflexiones y una comunidad que encuentra valor en la belleza de lo simple, el contacto con la naturaleza y los encuentros humanos.
Puedes seguir su trabajo en el Instagram @cristaldemar.cl y en su página web www.cristaldemar.cl
¿Cómo nace su emprendimiento?
Nació de mi sensibilidad, de mi curiosidad por comprender la vida y de una búsqueda que me ha acompañado desde muy pequeña. Siempre me sentí atraída por la naturaleza, los cristales, por los símbolos, por las historias que hay detrás de las cosas y por todo aquello que nos ayuda a conocernos un poco más.
En 2017 comencé a dar forma a esa inquietud a través de un emprendimiento que unía cristales, joyería y bienestar. Lo que comenzó como una idea pequeña fue creciendo junto conmigo, acompañando mis propios procesos, cambios y aprendizajes.
Años más tarde tuve la oportunidad de estudiar yoga y meditación en India, una experiencia que transformó profundamente mi forma de entender la vida. Más que entregarme respuestas, me dejó nuevas preguntas y una comprensión más amplia sobre la importancia de la presencia, los ciclos, la naturaleza y la experiencia humana.
Ese aprendizaje sigue acompañándome hasta hoy. Me recordó que el crecimiento personal no ocurre en objetos ni en fórmulas mágicas, sino en la manera en que vivimos nuestras experiencias, enfrentamos nuestros desafíos y nos relacionamos con el mundo que nos rodea.
Hoy Cristal de Mar es el resultado de años de aprendizajes, búsquedas y viajes que dejaron huellas profundas en mi forma de comprender la vida. Con el tiempo se transformó en algo mucho más que una tienda de cristales: una comunidad construida en torno a la reflexión, la naturaleza, la belleza de lo simple y el deseo de vivir con mayor consciencia.
¿Qué es lo que hace en concreto y qué ofrece a la comunidad?
A través de Cristal de Mar diseño y selecciono joyas, cristales y amuletos que muchas personas eligen para acompañar momentos importantes de sus vidas.
También me interesa rescatar el valor simbólico de los amuletos. Desde tiempos muy antiguos, las personas han escogido objetos para representar aquello que desean recordar, proteger o cultivar en sus vidas. Más allá del material del que estén hechos, los amuletos hablan de una necesidad profundamente humana: encontrar significado y llevar con nosotros recordatorios de lo que consideramos valioso.
Además, comparto contenido relacionado con yoga, viajes, escritura, naturaleza y reflexión personal. Me interesa generar conversaciones que nos permitan observar la vida con más profundidad, aprender de nuestras experiencias y reconectar con aquello que realmente es importante para cada uno.
Con los años he descubierto que lo que más disfruto no es vender un objeto, sino generar encuentros. Muchas veces una conversación, una historia compartida o una reflexión pueden tener tanto valor como cualquier producto.
A través de mis proyectos busco construir comunidad e inspirar a las personas a vivir con mayor consciencia, presencia y humanidad.
¿Cómo ha sido la respuesta del público?
Ha sido una de las experiencias más bonitas e inesperadas de este camino.
Lo que comenzó como un emprendimiento terminó convirtiéndose en una comunidad donde muchas personas comparten conmigo momentos importantes de sus vidas. A través de mensajes, conversaciones en ferias o encuentros casuales, he tenido la oportunidad de escuchar historias profundamente humanas que me han marcado y enseñado mucho.
Muchas veces las personas se acercan buscando una joya o un cristal y terminamos hablando de cambios, duelos, viajes, sueños, nuevos comienzos o desafíos personales. Ese intercambio humano es algo que valoro profundamente.
Creo que vivimos en una época donde muchas personas necesitan espacios para sentirse escuchadas, sin juicios y sin la presión de aparentar que todo está bien. De alguna manera, Cristal de Mar también se ha convertido en eso: un lugar de encuentro y conversación.
La confianza que las personas depositan en mí es algo que agradezco enormemente y que jamás dejo de valorar. Más que una clientela, siento que con los años se ha ido formando una comunidad basada en el cariño, la confianza y el acompañamiento mutuo.
¿Cuál ha sido tu mayor satisfacción desde que comenzaste?
Mi mayor satisfacción ha sido descubrir que es posible construir una vida alineada con aquello que realmente nos mueve.
Durante muchos años creí que mi camino estaba en el Derecho. Estudié la carrera porque siempre me han movilizado profundamente las ideas de justicia social, ambiental y de género, así como el deseo de aportar, aunque fuera de manera pequeña, a la construcción de un mundo más justo y consciente. Sin embargo, con el tiempo comprendí que, aunque esos valores seguían siendo fundamentales para mí, ese no era el lugar desde donde quería expresarlos.
Tomar la decisión de construir mi propio camino implicó enfrentar muchas dudas e incertidumbres. Como ocurre con la mayoría de los sueños, no existían garantías ni certezas, solo la intuición de que debía seguir aquello que me hacía sentir viva.
Con los años entendí que aquello que me llevó a estudiar Derecho sigue presente en todo lo que hago. La búsqueda de una sociedad más humana, el respeto por la naturaleza, la importancia de la comunidad y la convicción de que las pequeñas acciones también pueden generar cambios.
Por eso, más que cualquier cifra o reconocimiento, lo que más valoro es haber creado una vida que se siente coherente con quien soy. Haber confiado en mis propias convicciones y demostrarme que era posible construir un camino diferente es, sin duda, una de las mayores satisfacciones que me ha dado este proyecto.
¿Quiénes la han apoyado para concretar su emprendimiento?
Mi familia y mi pareja han sido un apoyo importante durante este camino. Aunque al comienzo, como suele ocurrir con muchos emprendimientos, creo que todos pensaban que sería un pasatiempo o una etapa más dentro de mis múltiples intereses e ideas.
Con el tiempo fueron viendo cómo ese proyecto que nació desde la intuición comenzó a crecer, a transformarse y a convertirse en una parte fundamental de mi vida. Su apoyo, especialmente en los momentos de incertidumbre, ha sido invaluable, como también el apoyo de todas las personas que han confiado en mi trabajo.
Pero si soy completamente honesta, también siento que una de las personas que más me ha acompañado en este camino he sido yo misma.
Emprender implica aprender a confiar en una cuando todavía no existen certezas. Implica seguir avanzando cuando los resultados aún no aparecen y sostener una visión que muchas veces solo una puede ver.
Y quizás también debo agradecerle a mi niña interna. A esa niña curiosa, sensible y soñadora que amaba el mar, que recogía piedras, que imaginaba mundos posibles y que nunca dejó de creer que podía construir una vida diferente.
Sin ella, y sin la decisión diaria de seguir confiando en mis sueños, nada de esto existiría hoy.
¿Qué es lo que más le gusta de la campaña Prefiero el Maule?
Valoro profundamente las iniciativas que visibilizan a quienes están construyendo proyectos desde los territorios que habitamos.
Emprender suele ser un camino desafiante y muchas veces silencioso. Por eso creo que generar espacios donde las historias puedan ser compartidas ayuda a fortalecer no solo a los emprendimientos, sino también a las comunidades que los rodean.
Me gusta que esta campaña ponga en valor el trabajo local, la creatividad y el esfuerzo de tantas personas que aportan desde distintos ámbitos al desarrollo de la región.
Cuando apoyamos a quienes crean, producen y trabajan desde sus propias comunidades, fortalecemos mucho más que la economía: fortalecemos el tejido humano que sostiene esos lugares.
¿Qué es lo que más orgullo le produce de ser maulina?
Aunque nací y crecí en Valparaíso, hoy el Maule es mi hogar. El mar marcó profundamente mi vida y de ahí nace parte del nombre Cristal de Mar, como una forma de honrar los océanos que sostienen la vida en nuestro planeta.
Sin embargo, esta región me regaló algo igual de valioso: la cercanía con la naturaleza y una comunidad que ha confiado en mi trabajo desde el comienzo.
Por eso, más que un lugar, lo que agradezco son las personas que han hecho posible este camino.



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